Altea es mar

Descubre la Bahía de Altea a través de una ruta en barco con guías locales.
Cuando el sol ya empieza a calentar, llegamos al acogedor puerto de Portosenso. Hoy hemos decidido hacer una ruta guiada en barco por la bahía de Altea, con Rutes de mar.
Nada más llegar al puerto nos reciben Rebeca y Dani a pie de pantalán, y nos explican a grandes rasgos en qué va a consistir la actividad. A continuación nos dejan tiempo para tomar un café mientras ellos preparan el barco. El barco en el que vamos a realizar la excursión es un catamarán a motor con todo lo necesario para pasar una jornada con comodidad y seguridad. El nombre del barco es Larus que, según nos explica la guía-bióloga Rebeca, es el nombre científico de las gaviotas. Ya estamos toda la familia a bordo y el barco se pone en marcha.

La primera sorpresa es la isla de l’Olla, que vemos nada más salir por la bocana, y que luego tendremos la oportunidad de visitar.
Ponemos rumbo al Faro del Albir, disfrutando de la inigualable estampa de Altea vista desde el mar: Un montón de casitas blancas coronadas por la cúpula azul de su Iglesia, con las siluetas de las montañas de fondo, como si de una pintura de sus bohemios artistas se tratara.
Saliendo de la línea entre cabos, por debajo del Faro nos encontramos una manada de delfines que hacen las delicias de los más pequeños de la familia, con sus saltos y piruetas, acompañándonos hasta llegar al Morro de Toix, donde se separan del barco para continuar su ruta.
Ya en el Morro de Toix, Dani, nuestro patrón, nos acerca hasta las increíbles estructuras colgadas llamadas “pesqueres de cingle” desde las que, hombres de otra época, intentaban conseguir un poco de pescado arriesgando su vida cada noche.
Desde aquí llegamos a la cala del Racó del Corb donde, una vez fondeado el barco, Rebeca nos conduce a descubrir el fondo marino en una estupenda ruta guiada de snorkel, en la que vemos pulpos, estrellas de mar, salpas y hasta una morena!

Después del snorkel tomamos un rico aperitivo a bordo, con productos de la zona, y ponemos rumbo a la isla de l’Olla.
Una vez allí y tras amarrar el Larus a una de las boyas de fondeo, desembarcamos en una pequeña playita de arena desde donde empezamos la visita a la isla, en la que descubriremos sus restos volcánicos y los lagartos que la habitan.
Volvemos al barco desde donde, con una copa de vino en la mano, despedimos al Sol que se esconde tras la sierra de Aitana, en un precioso atardecer.
Con las últimas luces entramos al puerto y nos despedimos de nuestros guías, que ya son nuestros amigos.
Ha sido todo un placer descubrir Altea desde el mar!